Hoy en día podemos encontrar diferentes actividades que nos permiten desarrollar nuestra inteligencia emocional. Muchas de estas actividades están dirigidas tanto a los niños como a los jóvenes. También se habla de inteligencia emocional en el trabajo, la cual beneficia positivamente dependiendo de nuestro estado de ánimo y tiene repercusiones en la salud y nuestras relaciones.
Pero el tema al que se recurre más frecuentemente es la estimulación de la inteligencia emocional en los jóvenes estudiantes o en el aula.
De manera general, la inteligencia emocional es la habilidad que tenemos todas las personas para reconocer nuestros sentimientos, controlarlos y expresarlos de manera correcta. Al mismo tiempo, podemos decir que ser empáticos y ponernos en el lugar de otro es parte de tener una inteligencia emocional deseable con el fin de superar los obstáculos que se presentan a lo largo de nuestra vida.
El concepto de inteligencia emocional fue propuesto en 1990 por Salovey y Mayer. Estos autores sostienen que la inteligencia emocional está formada por habilidades que se clasifican en cinco dimensiones:
- Conocimiento de las propias emociones.
- Capacidad de controlar emociones.
- Capacidad de motivarse a sí mismo.
- Reconocimiento de emociones ajenas.
- Control de las relaciones.
La importancia de las emociones en el aprendizaje
Una falta de inteligencia emocional puede traernos consecuencias en las diferentes etapas de nuestra vida, como por ejemplo tener problemas de marginación o socialización, ansiedad y depresión estando en soledad. Asimismo, puede llevar a problemas de atención o razonamiento acompañados de nerviosismo y también aumentar la probabilidad de tener relaciones con personas problemáticas que conlleven a la agresividad o dificultades en diferentes aspectos de nuestra vida.
Para los estudiantes, tener una buena inteligencia emocional implica saber tener una buena percepción, lo que implica tener una buena lectura de los sentimientos y emociones. Además, si tienen la facilidad de reconocer e identificar sus emociones, sus habilidades para conectar con el prójimo aumentan considerablemente. También una buena inteligencia emocional hace posible regular y controlar sus impulsos emocionales cuando estas situaciones se vuelven más intensas, ya sea que se trate de emociones negativas o positivas.
Actividades que te ayudan a fortalecer tu inteligencia emocional
Trabaja en un diario emocional. En él, puedes dedicar aproximadamente 10 minutos para trabajar tu autoconocimiento emocional. Anota aquellas situaciones en las que te has sentido vulnerable emocionalmente, como la tristeza o el estrés. Puedes compararlo con las semanas anteriores y valorar cómo te has sentido. Esto te servirá como experiencia para abordar o manejar situaciones similares en el futuro.
Trabaja en la escucha activa. Esta es una de las habilidades que cada persona debería poseer y poner en práctica en su vida social. Se enfoca principalmente en el lenguaje no verbal. La manera de ponerlo en práctica es que cada vez que te encuentres frente a una persona, no te enfoques solo en sus palabras, sino también en el lenguaje corporal, como las miradas, expresiones y gestos que intentan transmitirte.
Ejercicio de la rueda de la vida. Consiste en dibujar un círculo en una hoja de papel y anotar alrededor cuáles aspectos de nuestra vida consideramos importantes y en qué deseamos trabajar. Luego, es necesario valorar cada uno de estos aspectos en un orden numérico. Posteriormente, anota las diferentes acciones o aspectos que podemos realizar para mejorar cada área de nuestra vida.
Trabajar la empatía. Muchas veces, hacer las preguntas correctas puede ayudar en gran medida a desarrollar la empatía en los niños o los jóvenes. Por ejemplo, preguntas como “¿Por qué crees que tu abuelo se siente triste?” o “¿Qué crees que siente tu abuelo al expresarse de esa manera?” pueden ser útiles.
Trabajar en una comunicación profunda. Esto implica hablar constantemente con los niños, ayudarles a pensar, jugar y preguntar, dando ejemplos para que el niño tenga un aprendizaje constante. Es importante profundizar en su manera de expresarse, desde sus sentimientos hasta la expresión de sus críticas.
La lectura de cuentos. Los cuentos existen en muchos tipos. Existe el tipo de cuento que ayuda a comprender las emociones desde el punto de vista del niño. Abordan temas particulares que rodean al niño, como “la discusión con un amigo” o “cuando la comida no les agrada”.
